Sep 28

Año y pico después volvemos a la cueva de la Leze. En esta ocasión fuimos Lara, Rocio, Yolanda, Patri y el menda.

Salimos de Madrid prontito y tras unas cuantas horas de viaje nos plantamos en Egino, junto al que se encuentra este peculiar barranco. Tras llegar nos cambiamos y echamos a andar, pues teníamos un buen trecho hasta la cabecera.

De nuevo en la cueva de la Leze

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Oct 11

Las mañanas eran frías y por eso decidimos acercarnos al barranco del Chuixé, el cual llevaría poca agua, tal y como el año pasado.

Al acercarnos vimos que no llevaba poca, sino prácticamente nada. Así que nada, ni nos pusimos los neoprenos. Cogimos la mochila con las cuerdas y los arneses y tiramos p’arriba.

El descenso cortillo, sosillo ya que bajaba muy seco y tal, pero bueno, para echar la mañana está bien. Por lo menos la aproximación son 10 minutos, y el retorno 5 minutos. Con lo que llegas fresco al coche.

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Jun 02

Llegado el fin de semana nos planteamos donde ir. Y como el que va el sábado al centro comercial a pasar el día, nosotros nos acercamos a Vitoria a “pasar el día”.

El destino fue Egino, pueblo cercano a Vitoria en donde se encuentra la famosa Cueva de la Leze.

Salimos pronto de Madrid, sobre las 8:00 AM dirección norte. Cerca de las 12 de la mañana habíamos llegado al parking en donde dejaríamos el coche. Desde el parking se veía ya la gran abertura que marcaba la salida de la cueva.

La cueva de la leze es una cueva que atraviese una montaña de lado a lado, por la que discurre un riachuelo descendible. Esto lo convierte en un cañón dentro de una cueva.

Comimos algo, nos equipamos y nos pusimos en marcha.

Tras dejar el coche nos encontramos con un lugareño que nos contó un poco algo de historia del lugar, como que a principios del siglo XX se construyeron 3 presas poco antes de la entrada de la cueva, y a la salida se construyó una central hidroeléctrica.
A los pocos meses vinieron fuertes lluvias y la primera de las presas no aguantó. Su rotura se llevó por delante las otras dos y esto produjo que una gran riada atravesase la cueva y se llevase con ella la central que había a su salida.

Este hombre nos indicó por donde empezaba la ascensión. Dicha ascensión remonta la montaña por la parte izquierda de la abertura de salida, de 80m de altitud. Se sube muy rápido ya que la senda no nos deja descansar ni un momento, con su considerable pendiente.

En unos 40 minutos llegamos a la parte más alta, a la cresta, en donde se ve el otro lado…. o se debería ver, porque subimos todo el rato con niebla.

Cueva de la Leze

Desde ese punto, no se si existirá un buen camino, pero nosotros no lo vimos. Nos encontramos con una de las peores bajadas que hemos visto. Una bajada super empinada, con algún destrepe en toda regla. Y todo esto en un terreno con una humedad brutal que hacía que cualquier cosa que tocases estuviera cubierta de musgo.

Tras bajar los primeros metros más que empinados y jugandonos una buena caida llegamos a una parte más “plana”. Realmente lo que hizimos fue meternos ya de lleno en el bosque, siguiendo una debil senda que iba paralela a la pared, dirección al sonido del agua, que se oía de lejos.

El bosque, aunque había senda fue otra aventura. Todo el camino estaba muy empinado y el suelo, debido a la humedad era de un barro tirando a lodo, con una capa de hojas medio podridas encima. Os podeis imaginar lo que resbalaba eso.

Lara y sus 6 – 7 caidas os lo pueden confirmar. Yo tuve algo más de suerte, pero no me libré de un buen culazo, un rodillazo a una piedra y algun otro golpe.

Tras un buen rato, mucho… llegamos a la entrada de la cueva. Realmente impresionante. Esta parte es un poco más baja, pero sigue teniendo unos 60m que unido al ruido del agua, que en este lado corre más vivaz entre cascaditas, hacen que sea sobrecogedor.

Cueva de la LezeEl entorno nos obligó a pensarnos un poco que hacer, si remontar la horrible cuesta o adentrarnos en la grieta. El temor que teníamos era que no conocíamos la cueva ni el caudal que empieza a ser peligroso. Además según el croquis hay un sifón que no sabíamos como sería, en el cual según nos contó el lugareño, murió un hombre hace años.

Al final nos decidimos, ya que no parecía que bajase mucha agua, y nos pusimos los neoprenos.

Bueno, la entrada resulta increible. No es una entrada llana ni mucho menos, sino que la gruta nada más entrar empieza a descender rápidamente, recordando a la película de viaje al centro de la tierra.

A la entrada, a la que se accede tras un rápel que hay montado en un arbol, hay un pequeño pasamanos que nos lleva hasta la primera reunión, la cual tras un pequeño rápel nos introduce en el cauce en sí.

A los pocos metros nos encontramos con otro rápel, el primero dentro del cauce, y entonces apareció nuestra segunda preocupación: los frontales.

Ibamos con unos frontales de 6-8 € cada uno, bastante malos, aunque rezaban que eran inmunes a salpicaduras…. ya veríamos.

Pasamos la cascada sin mojarnos practicamente la cabeza, alguna gota perdida pero bien. Los frontales eran más que suficientes para iluminar, ya que la cueva es bastante estrecha todo el rato y con “poca” luz basta. Y de momento las primeras gotas aguantaban (teníamos un tercer frontal de repuesto, de 2 € :) ).

Fuimos progresando poco a poco por los numerosos y próximos rápeles. En algunos nos mojabamos más y en otros menos. Los frontales pronto se habían mojado bastante ya que había cascadas en las que era imposible que no te cayese algo de agua encima, pero seguían luciendo perfectamente.

En alguna de las cascadas (la de 12m) hizimos malabares para evitar que nos cayese toda la cascada encima y mantenernos lejos del cauce.

Tras hora y media o así y tras un recodo vimos un resplandor que nos indicaba que estabamos a punto de salir de la cueva. Solo nos quedaba el temido sifón como tramos resaltable así que seguimos avanzando. Desde que se vuelve a ver hasta el final del cañón hay más de un destrepe un poco expuesto y un par de rápeles con reuniones también un poco expuestas.

Y por fin llegamos al sifón. No era para tanto ya que la piedra forma una especie de H. De manera que hay un puente de roca, que forma el sifón, pero se puede pasar por encima de él perfectamente. El único problema que pudiera haber es que si baja mucha agua, la corriente por la parte inferior de la H sea muy alta y nos “chupe”, pero vamos, no es un sitio peligroso. En nuestro caso el agua llegaba a sifonar por los pelos el paso y no había casi corriente ya que el paso es ancho. Así que pasamos por debajo, metiendo la cabeza entera.

Los frontales seguían luciendo (aunque ya no hacían falta). Como daban de sí estos frontales guarros. Aunque el mio al rato empezó a hacer ya cosas raras…

Desde el sifón poco más que contar. un par de destrepes y se acabó. Y luego en menos de 5 minutos estamos en el coche ya.

En resumen, un sitio muy peculiar el cual merece la pena visitar. Eso si, importante asegurarnos de que el sistema de iluminación que llevemos aguanta el agua.

Al llegar al coche, nos cambiamos, comimos y camino de Madrid de nuevo. Escogimos un sitio un poco lejos para pasar el día, pero mereció la pena.

Cueva de la Leze
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May 15

Para llegar “pronto” a Madrid tocó madrugar. A las 5:45 AM se produjo el toque de diana, desayuno rápido y puesta en marcha. A las 6 y pocos minutos estábamos andando.

Hacía frío, bastante, y viento, también bastante. Esto unido que íbamos con pantalón corto / mallas y una camisetilla, hacía que no fuese muy agradable el paseo. Así que nada, a darle caña y a imponer un ritmazo para entrar en calor.

Nos esperaban 3 horas de aproximación (o esa es la teoría).

Bajamos al río desde Rodellar y enseguida empezamos a subir, rumbo a la cabecera de las Gorgas Negras. El ritmo era más que alto, pero aún así no entrabamos en calor, debido a que íbamos andando por zonas encajonadas donde corría bastante viento, y no nos daba ni un solo rayo de sol por ser tan temprano.

Así fuimos mucho tiempo, a un ritmo endiablado, subiendo todo el rato por un camino que muchas veces estaba escavado sobre una pedrera, otras era un camino ancho….

Así llegamos al Dolmen de la Losa Mora, que indicaba que habíamos llegado aproximadamente al final de la subida y estábamos en la parte más alta de las montañas, en una zona bastante plana y expuesta al viento.

Pocas y rápidas fotos en dicho dolmen y a seguir, que íbamos helados. Al aplanarse el terreno aumentamos más el ritmo. Rodrigo se puso delante, aprovechando su altura para andar con unas zancadas imposibles de seguir. Yo personalmente no podía y cada unas decenas de metros tenía que echar a correr un poco para recuperar el terreno que iba perdiendo en cada paso.

Creo que nunca he “andado” tan rápido durante tanto tiempo, aunque hubo otra vez que se pareció bastante.

Poco después llegamos al pueblo abandonado de Nasarre, en donde había una iglesia muy bien conservada, o reconstruida. Allí nos cobijamos unos minutos para intentar recuperar algo de temperatura, la cual brillaba por su ausencia.

10 minutillos de descanso y otra vez a correr, en este caso cuesta abajo. Seguimos al mismo ritmo, sin poder levantar la vista del suelo, andando por un sendero estrecho, que se terminó introduciendo en vegetación, para llevarnos algún arañazo de recuerdo en las piernas y brazos.

Y por fin llegamos al río. Lo que se supone que son 3 horas de aproximación lo hicimos en 2:20 h. Para que os hagáis una idea del ritmillo…

Eduardo iba con su rodilla machacada, los demás aguantamos bien el “paseo”. La verdad es que yo estaba bastante sorprendido. Llevabamos 4 días andando una media de 7-8 horas diarias, a unos ritmos más que buenos, y estaba perfectamente, nada cansado, sin molestias y con muchas ganas de hacer el cañón.

Nos pusimos los neoprenos, algo de comida y al río.

El cañón empieza con una zona encajonadilla donde el agua cogía mucha fuerza y había que andar con cuidado, sobretodo en los destrepes, si no querías salir disparado. Bajaba fuertecillo, pero no nos pareció peligroso.

El infierno de las Gorgas Negras

Alguna cascada que nos pareció traicionera y nos hizo estudiar un poco la bajada, algún semi-sifón que nos hizo mirar un poco, pero al final fue muy sencillo. Ningún paso difícil, para nada.

Seguimos bajando y bajando…. pasaban las horas. Cuando llevábamos unas 4 horas paramos a descansar y reponer fuerzas. Estuvimos comiendo un poco, al solecito, que hasta entonces no nos toco con ninguno de sus rayos, ya que el cañón es bastante encajonado.

Tras el descanso seguimos nuestro camino, que aún nos quedaba un trecho.

Justo después de donde hicimos el descanso vino una zona más angosta, aunque cortita. Muy bonita, y justo después…… justo después un infierno :) .

El infierno con que nos encontramos fue con una sucesión de pozas enormes, de agua mansa en las que había que nadar.

La primera incluso se agradece, la segunda está chula también, la tercera…. vale, pero a partir de ahí es un coñazo.

Además algunas eran en forma de “S” y cuando parecía que acababa aparecía un giro y veías que seguía 30 metros más.

Echamos en falta unas aletas de buceo, o una piragua :) . Realmente se hizo muy pesado porque tardamos un buen rato en atravesar todas y además los brazos se cansaban de nadar, sobretodo con el neopreno.

Al final, tras lo que parecieron kilómetros a nado, acabaron las pozas y apareció una senda por la orilla del río. La seguimos y en un rato llegamos a la pradera que marcaba el final del cañón de las Gorgas Negras, y en inicio del barranco del Barrasil.

Allí vimos a una pareja de extranjeros que iban a hacer este segundo barranco.

Descansito para quitarnos todo el equipo y de vuelta al coche.

La vuelta comienza con una subidita, suave pero un poco larga. En este punto Eduardo estaba pal arrastre, con la pierna echa polvo y me temo que con las fuerzas más que justas.

Tras un buen rato subiendo salimos al camino de subida y empezamos a bajar por la senda-pedrera por la que subimos.

Sobre las 5:30 de la tarde estábamos en el camping de vuelta. 11 horitas y media de cañón. Vamos, un buen paseo como para decir que “echamos el día”.

La verdad es que merecio la pena. Es un cañón precioso y disfrutón todo el tiempo. No tiene zonas “muertas” en las que solo haya que andar por el río, sino que continuamente hay cosillas, ya sean rápeles, destrepes, etc…

En el camping comida rápida, recogida y pitando para Madrid. Al final llegamos sobre las 12 a Madrid. Y al día siguiente a currar…..

El infierno de las Gorgas Negras
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