El infierno de las Gorgas Negras

Para llegar «pronto» a Madrid tocó madrugar. A las 5:45 AM se produjo el toque de diana, desayuno rápido y puesta en marcha. A las 6 y pocos minutos estábamos andando.

Hacía frío, bastante, y viento, también bastante. Esto unido que íbamos con pantalón corto / mallas y una camisetilla, hacía que no fuese muy agradable el paseo. Así que nada, a darle caña y a imponer un ritmazo para entrar en calor.

Nos esperaban 3 horas de aproximación (o esa es la teoría).

Bajamos al río desde Rodellar y enseguida empezamos a subir, rumbo a la cabecera de las Gorgas Negras. El ritmo era más que alto, pero aún así no entrabamos en calor, debido a que íbamos andando por zonas encajonadas donde corría bastante viento, y no nos daba ni un solo rayo de sol por ser tan temprano.

Así fuimos mucho tiempo, a un ritmo endiablado, subiendo todo el rato por un camino que muchas veces estaba escavado sobre una pedrera, otras era un camino ancho….

Así llegamos al Dolmen de la Losa Mora, que indicaba que habíamos llegado aproximadamente al final de la subida y estábamos en la parte más alta de las montañas, en una zona bastante plana y expuesta al viento.

Pocas y rápidas fotos en dicho dolmen y a seguir, que íbamos helados. Al aplanarse el terreno aumentamos más el ritmo. Rodrigo se puso delante, aprovechando su altura para andar con unas zancadas imposibles de seguir. Yo personalmente no podía y cada unas decenas de metros tenía que echar a correr un poco para recuperar el terreno que iba perdiendo en cada paso.

Creo que nunca he «andado» tan rápido durante tanto tiempo, aunque hubo otra vez que se pareció bastante.

Poco después llegamos al pueblo abandonado de Nasarre, en donde había una iglesia muy bien conservada, o reconstruida. Allí nos cobijamos unos minutos para intentar recuperar algo de temperatura, la cual brillaba por su ausencia.

10 minutillos de descanso y otra vez a correr, en este caso cuesta abajo. Seguimos al mismo ritmo, sin poder levantar la vista del suelo, andando por un sendero estrecho, que se terminó introduciendo en vegetación, para llevarnos algún arañazo de recuerdo en las piernas y brazos.

Y por fin llegamos al río. Lo que se supone que son 3 horas de aproximación lo hicimos en 2:20 h. Para que os hagáis una idea del ritmillo…

Eduardo iba con su rodilla machacada, los demás aguantamos bien el «paseo». La verdad es que yo estaba bastante sorprendido. Llevabamos 4 días andando una media de 7-8 horas diarias, a unos ritmos más que buenos, y estaba perfectamente, nada cansado, sin molestias y con muchas ganas de hacer el cañón.

Nos pusimos los neoprenos, algo de comida y al río.

El cañón empieza con una zona encajonadilla donde el agua cogía mucha fuerza y había que andar con cuidado, sobretodo en los destrepes, si no querías salir disparado. Bajaba fuertecillo, pero no nos pareció peligroso.

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Alguna cascada que nos pareció traicionera y nos hizo estudiar un poco la bajada, algún semi-sifón que nos hizo mirar un poco, pero al final fue muy sencillo. Ningún paso difícil, para nada.

Seguimos bajando y bajando…. pasaban las horas. Cuando llevábamos unas 4 horas paramos a descansar y reponer fuerzas. Estuvimos comiendo un poco, al solecito, que hasta entonces no nos toco con ninguno de sus rayos, ya que el cañón es bastante encajonado.

Tras el descanso seguimos nuestro camino, que aún nos quedaba un trecho.

Justo después de donde hicimos el descanso vino una zona más angosta, aunque cortita. Muy bonita, y justo después…… justo después un infierno :).

El infierno con que nos encontramos fue con una sucesión de pozas enormes, de agua mansa en las que había que nadar.

La primera incluso se agradece, la segunda está chula también, la tercera…. vale, pero a partir de ahí es un coñazo.

Además algunas eran en forma de «S» y cuando parecía que acababa aparecía un giro y veías que seguía 30 metros más.

Echamos en falta unas aletas de buceo, o una piragua :). Realmente se hizo muy pesado porque tardamos un buen rato en atravesar todas y además los brazos se cansaban de nadar, sobretodo con el neopreno.

Al final, tras lo que parecieron kilómetros a nado, acabaron las pozas y apareció una senda por la orilla del río. La seguimos y en un rato llegamos a la pradera que marcaba el final del cañón de las Gorgas Negras, y en inicio del barranco del Barrasil.

Allí vimos a una pareja de extranjeros que iban a hacer este segundo barranco.

Descansito para quitarnos todo el equipo y de vuelta al coche.

La vuelta comienza con una subidita, suave pero un poco larga. En este punto Eduardo estaba pal arrastre, con la pierna echa polvo y me temo que con las fuerzas más que justas.

Tras un buen rato subiendo salimos al camino de subida y empezamos a bajar por la senda-pedrera por la que subimos.

Sobre las 5:30 de la tarde estábamos en el camping de vuelta. 11 horitas y media de cañón. Vamos, un buen paseo como para decir que «echamos el día».

La verdad es que merecio la pena. Es un cañón precioso y disfrutón todo el tiempo. No tiene zonas «muertas» en las que solo haya que andar por el río, sino que continuamente hay cosillas, ya sean rápeles, destrepes, etc…

En el camping comida rápida, recogida y pitando para Madrid. Al final llegamos sobre las 12 a Madrid. Y al día siguiente a currar…..

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