Barranco de Sorrosal

Como ya es costumbre, nos pegamos este fin de semana otro viajecito de 500 Km (y otros tantos de vuelta) para jugarnos la vida. No entiendo porque me llaman loco……… 😯 , en fin…

Tras llegar el viernes noche al camping de Oto, junto al parque natural de Ordesa, y hacer noche, nos levantamos el sábado con muchas ganas y algo de sueño con el objetivo de hacer el cañón de Sorrosal.

Este cañón esta justo al lado del camping y la verdad es que impresionaba, bastante…

Cogimos una pista que nos llevaría hasta un puente que cruza el cañón, que es donde empezaríamos nosotros. El cañón se puede empezar más arriba pero hacen falta dos coches ya que hay mucha distancia para ir andando. De todas formas, según parece la primera parte tampoco tiene nada de especial con lo que no nos perdimos mucho. Tardamos 1 horita en llegar a dicho puente.

El cañón es muy bonito y curioso. En el pueblo hay una placa informativa que explica las extrañas formaciones rocosas de la zona, debidas al choque de la placa tectónica africana y euroasiatica.

Las paredes del cañón son un continuo pliege de capas rocosas, con unas formas increibles.

Tras algún tobogancillo y algún rapel llegamos a un rapel más grande de unos 20 metros, en donde comienza (o termina) la Vía Ferrata del Sorrosal.

Esta vía era una maraña de pasamanos y clavos en al roca. Había una especie de puente tibetano, realizado con un tronco y un “pasadizo” que atraviesa una gran pared y permitiendo el acceso a la escalera que baja toda la gran pared final.

Vimos bastante gente haciendo la vía ferrata, y también nos juntamos con otro grupo de barranquistas.

El final del cañón es increible, es una pared de unos 110 metros de altura. Realmente impresiona cuando te asomas al avismo y ves la hostia caida que hay.

Dejamos pasar al otro grupo de barranquistas y con mucho respeto empezamos a bajar la gran pared. Dicha bajada se divide en una primera bajada ayudado de un pasamanos, de unos 10 metros, y luego dos caidas de unos 50 metros, con una gran poza en medio.

Justo cuando empezamos a bajar se nos puso a tronar y llover y cayó una buena, pero no nos distrayó mucho, estabamos muy concentrados viendo la altura a la que nos encontrabamos.

Tras bajar toda la pared, un poco de respiro, un par de miradas para contemplar por donde habíamos bajado y corriendo al coche y a tomar una cervecita y unas tapas, mientras veíamos como llovía y se desvanecían nuestras esperanzas de hacer el domingo el salto del Carpín.

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