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abr 09
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Ascensión a Cabeza Nevada en Gredos
Montañismo / 09 de abr de 2010 Sin comentarios »
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Un fin de semana de buen tiempo por delante y nadie con quien poder ir a la sierra a hacer una rutita de un par de días. Ese era el panorama que se me presentaba y yo tenía un mono de pisar nieve que no podía más.
Así que nada, tocó estrenarme en hacer una salida de dos días en solitario.
Salida del curro a toa leche para plantarme en la plataforma de Gredos sobre las 6 de la tarde. Mochila (mochilón de 15,5 Kg) a la espalda y a patear.
Llevaba poco gas así que lo de calentar nieve para beber tenía que reducirlo en la medida de lo posible. De casa llevaba 2 litros pero el día siguiente se presentaba caluroso de los que no paras de beber así que no quería gastar nada de ese agua y pensé en las dos fuentes que hay de camino a la laguna para ir bebiendo.
La zona tenía aún mucha nieve, muchísima para las fechas que son.
Llego a la primera fuente y está seca…. ¿pero si está todo lleno de nieve menos la fuente? Que raro….
Supero los Barrerones estudiando la zona de Cabeza Nevada que se alza ante mi y estudio una zona por donde acampar, al otro lado del valle, ya camino de Cabeza Nevada.
Empiezo a tener mucha sed pero no quiero beber, tengo que llegar a la otra fuente que está cerca. Al llegar… ¿y la fuente? … pues nada, se la ha trabado la nieve y es imposible acceder a ella. Pues estamos buenos, una sin agua y la otra enterrada en nieve. Bueno, me convenzo a mi mismo de que me queda ya muy poco y que tengo que aguantar hasta la tienda en donde me haré una buena sopa para hidratarme.
Tras un rato llego a las inmediaciones de la laguna y un cartel me indica que toca desviarse para coger el camino que marca las cinco lagunas. Así que dicho y echo, tomo el desvío dejando de fondo el refugio de Elola y tras cruzar el río pegando un par de saltos entre piedras el camino comienza a ascender.
Visto que iba ya cansado por el gran ritmo que me había marcado y que tampoco ganaba mucho con pasar al otro valle busqué un sitio donde poner la tienda. Enseguida encontré una pequeña explanada resguardada por una pared de roca que me garantizaba el no ser enterrado por una avalancha así que no busqué más y me puse a montar la tienda.
Y aquí empezaron los estropicios del fin de semana ya que al hacer fuerza para meter uno de los tubos de aluminio se abrió una de las costuras un poco y el enganche del tubo se descosió en un 90%. Bueno… menos mal que hacía una tarde-noche tranquilísima sin nada de viento… de momento.
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