De nuevo en la Gouffre d´Enfer

Hace ya tres años que estuve junto con Luis en este famoso barranco del pirineo francés. En aquella ocasión fuimos junto con Lolo y su grupo de amigos a ver lo que se cocía por allí. El resultado fue que hicimos el segundo y el tercer tramo, cuando teníamos previsto hacer también el cuarto.

Desde entonces yo tenía una espinita clavada, y Lara una mucho más grande ya que no había podido venir. Con todo esto nos decidimos a volver allí este fin de semana para intentar hacer este mítico cañón del pirineo francés.

Tras salir a medio día el viernes y coger un camino no demasiado óptimo, llegamos ya de noche al parking en el que dormiríamos haciendo vivac.
Cuando llegamos había ya algunos vehículos por allí aparcados así que cenamos, si se le puede llamar cena a pepinillos en vinagreta y una botella de vino, y nos montamos un tejadito con una rafia y nos echamos a dormir debajo.

Al día siguiente nos levantamos sobre las 7:30 de la mañana, y entre mucho frío desayunamos y nos pusimos en marcha.

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Subimos a buen ritmo, echando un ojo en cada uno de los puentes y miradores, motivándonos y cercionándonos de que bajaba un caudal normal. En hora y poco estábamos junto al agua, en el inicio del tramo 2 (o uno si no se cuenta la Rue). El objetivo era hacer los tres últimos tramos.

Nos vestimos con nuestros mejores trapitos y nos metimos acto seguido en el río, justo por delante de un grupo de oscenses. El agua, como os podeis imaginar estaba que cortaba de hipo de fría.

Nada más entrar en el cauce y pasar un par de pequeños destrepes llegamos al primer rápel, y entonces recordé porque era tan técnico este barranco. Estábamos ante el primer rápel y ya había que montar un pequeño pasamanos para llegar a la reunión sin jugarte la vida. Así que nada, a sacar la cuerda, a asegurar, etc…
Tras llegar a la reunión los dos ponemos la cuerda, me engancho y al intentar desengancharme me acuerdo de lo que cuesta desengancharse de una reunión en la que estás colgado como un chorizo. Tras 4 o 5 intentos empezé a bajar. Lara que venía detrás mía no tuvo menos problemas. Como se notaba que hacía mucho que no nos metíamos en un barranco «juguetón». Eso si, me juré que el próximo sacaba el estribo.

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Poco a poco fuimos avanzando, a un ritmo no muy malo, eso si, el grupo que venía detrás venían mucho más rápido a pesar de ser más. Es lo que tiene la experiencia y la práctica, así que les dejamos pasar tras el rápel en «S», tomándonos nosotros un descanso para comer y beber algo, ya que íbamos bien cansados.

La otra vez que estuve en el barranco con Lolo y compañía me fue mucho más sencillo ya que iba en el medio del grupo y no tenía que montar ni desmontar nada, pero en esta ocasión todo era distinto. Nos íbamos turnando entre Lara y yo pero nos cansábamos enormemente en cada paso técnico a dar. El problema es que pensábamos que estábamos en forma, pero eso podría ser de fondo, pero en cuanto a tono en los brazos estábamos más que flojos, y lo estábamos pagando. Eso unido a la falta de práctica que nos hacía sentir un poco torpones, nos iba machacando. Aún así íbamos a buen ritmo.

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Acabado el primer tramo llegamos a la gran cascada, la cual recordaba con temor ya que ví que les costó bastante llegar a las reuniones a las personas que montaron el rápel la otra vez. El rápel está dividido en 3. Nosotros pensábamos hacer los dos primeros del tirón y luego el tercero. A mitad del primero hay una cinta con un mosquetón para desviar el rápel.

En este caso aunque lo recordaba como un sitio jodido, ya que todo escurre mucho y las reuniones están muy ladeadas, quería montarlo yo así que no me lo pensé mucho. Unimos cuerdas y me fuí pábajo a por el mosquetón que desvía el rápel. La verdad es que da miedo porque si te escurres y te vas puedes llegar a pendulear un montón, y sobretodo no me quiero imaginar lo que puede costar remontar ese resbalón ya que pendulearía hacia una zona más baja.
Yo fuí pasito a psito, muy despacio y al final conseguí llegar sin mayores problemas, eso si, con el culo bien prieto. Desde ahí tenía que bajar hasta la primera reunión, lo cual si que fue fácil ya que caía prácticamente en la vertical. En dicha reunión (que me temo que no usa mucha gente), puse un mosquetón viejo que tenía y con él desvíe de nuevo el rápel ya que por poco que fue me iba a venir bien para llegar a la segunda reunión.
Esta última reunión es la que realmente me preocupaba. Está muy ladeada, el suelo es una pista de patinaje y si te caes te vas hacia el canuto de la cascada, que aunque no llegues luego tiene que ser una auténtica putada salir de él. De esta forma fuí bajando y cuando se empezó a poner la cosa delicada eché las rodillas a tierra y fuí bajando así, ya que con las botas no tenía nada de adherencia. No fue excesivamente difícil, pero iba con una tensión encima pensando en escurrirme que me agoté y tuve que parar a coger un poco de aire a mitad de camino

Llegados a la última reunión recogimos la cuerda, montamos el siguiente rápel y seguimos.

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Según bajábamos esta cascada vimos como otro grupo nos había cogido y venía detrás nuestro. Una vez abajo, en el pasillo del viento, apareció el primero de sus ocupantes, y que puñetera casualidad de la vida que era Lolo, la misma persona con la que había ido allí 3 años antes, y a la cual no había vuelto a ver. Si es que el mundo es un pañuelo, jeje.

Pasa esta cascada en no mucho tiempo llegamos al puente que marcaba el final de este tramo y el inicio del último tramo. Nos salimos para descansar un poco y pensar que hacíamos. El grupo de Lolo se retiraba dejándolo para el día siguiente ya que iban con frío y cansadillos.

Nosotros estábamos cansados pero queríamos acabarlo para poder salir al día siguiente, domingo, pronto de camino a casa. El principal problema que veíamos es que íbamos muy cansados, sobre todo los brazos, y nos quedaban un par de pasamanos muy exigentes. Total, que estuvimos un rato pensando y cuando estaba prácticamente decidido que seguíamos sonó un trueno. A Lara no lo importó mucho (se veía muy buen día), ya que se suponía que en unas 3 horas máximo deberíamos estar fuera y de llover no tenía pinta de hacerlo de inmediato. A mi me preocupaba bastante más, sobretodo tras ir unos días antes descendiendo el Lapazosa bastante asustado por este tema. Al final decidimos dejarlo también para el día siguiente y nos fuimos para el coche.

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De vuelta al coche empezó a chispear y una vez en él empezó a llover ya con más ganas. Habíamos echo bien en retirarnos pues sino lo estaríamos pasando un poco mal por ir con miedo descendiendo un sitio muy técnico y lloviendo.

Cenamos y nos fuimos al pueblo a dar una vuelta.

Tras una noche en la que no paró casi de llover, la cual la pasamos en una especie de albergue, amaneció un día con mucha niebla. Desayunamos y nos acercamos con pocas ganas de nada al cañón. Bajaba igual de agua que el día anterior así que la larga lluvia, al no haber sido muy intensa, no se hizo notar. El día pintaba más feo, con bastante más nubes, pero era un día que prometía.

Peeero, teníamos un problema y es que estábamos agotados físicamente. La falta de costumbre la acusamos mucho y teníamos los brazos y las piernas echas puré. Tras un buen rato de darle vueltas decidimos no intentarlo por miedo a pasarlo mal en los pasamanos que nos quedaban, al ser muy exigente físicamente y estar nosotros muy flojos.

En resumen… yo me volvía a ir con 2 de 3 partes, y el final del cañón se me sigue resistiendo. Eso si, en esta ocasión no fuí de «paquete» y nos lo tuvimos que ir currando nosotros, lo que nos dejó un buen sabor de boca y por eso no nos importó demasiado en no haber acabado.

Eso si, sigue estando en en el «top 5» de la lista de cosas pendientes.

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