mar 14

Bueno, pues llevaba un tiempo dándole vueltas al tema de bajar esquiando de los picos que subimos, o por lo menos hacerlo algún día que salga solo o vaya a algún sitio fácil.

La opción fácil y típica es la de pasarme al esquí de travesía pero esa opción no me atraía mucho ya que mi idea era seguir haciendo montaña “a pata” pero a la hora de la bajada, en los sitios fáciles, poder bajar esquiando. Lo de sitios fáciles es porque aunque he esquiado mucho de chico, hace ya muchos años que lo hago muy muy esporádicamente e incluso los últimos años me había pasado al Snowboard, con lo que mi nivel de esquí es bastante bajo.

Además de esto, para hacer lo que quería necesitaba un equipo ligero y fácil de transportar. Esto me hizo empezar a fijarme en las tablas de esquí que hay en la actualidad y todas sus variantes.

Tras preguntar en varios foros a gente más experta que yo todo parecía reducirse a tres opciones:

  1. Comprarme unos esquís “normales” pero cortitos (1.50m – 1.6 m) para poderlos llevar medianamente bien en la mochila y unas botas de esquí en la mochila. Al llegar al punto en el que quisiera descender me cambiaría de botas, me calzaría los esquís y listo.
    • Ventajas: Esquiar con unos esquís de verdad y con unas botas de verdad lo que significa poder esquiar por cualquier tipo de nieve y por sitios más complejos. Además de llevar un equipo pensado para lo que voy a hacer.
    • Inconvenientes: Los esquís son grandes por muy cortos que los busques y por lo tanto son un trasto y pesan. Además hay que llevar el segundo par de botas (que suelen pesar un huevo y parte del otro) en la mochila.
  2. Comprarme unos esquís de los llamados Snowblade o de aproximación que son esquís muy cortos (0.8m-1.1m) usados para hacer acrobacia o para darles un uso similar al de las raquetas de nieve, respectivamente.
    • Ventajas: Son mucho más pequeños y por lo tanto fáciles de transportar. Y sobretodo su principal ventaja es que algunos llevan unas ataduras que permiten anclarlos a las botas plásticas de montaña con lo que me evitaría llevar un segundo par de botas.
    • Inconvenientes: Al usarse con botas de montaña, por muy plásticas que sean, no tienes la misma sujeción del tobillo que con unas de esquí y esto tiene dos consecuencias: Perdida de control sobre el esquí y mayor riesgo de lesiones. Además estos esquís al ser muy cortos tienen dos grandes problemas: Se hunden demasiado en la nieve virgen y tienen poca superficie para zonas con hielo lo que los puede hacer imparables.
  3. Buscarme unas ataduras compatibles con las botas de montaña plásticas y ponérselas a una tabla de las comentadas en la opción 1.
    • Ventajas: Sería la solución perfecta seguramente al llevar unos esquís “normales” con los que meterte por cualquier sitio.
    • Inconvenientes: Dichas ataduras no parecen fáciles ni baratas de encontrar y además las tablas seguramente serían ingobernables ya que la bota no es lo suficientemente rígida (aunque esto podría tener solución con algún truco).

Y en estas llegó en Trocathlon de Decathlon y allí me fui a comprarme juguetitos. El resultado fue que me vine a cada con unos esquís “normales” de 1.55m y unas botas de esqui super ligeras (nunca había visto unas tan ligeras). Y además me pillé unos esquís snowblade en los que podía enganchar mis botas plásticas de montaña ASOLO AFS. Bueno, me salio todo muy barato así que por probar…

- Esquís 1.55 -> 20 €

- Botas esquí -> 10 €

- Esquís Salomon Snowblade -> 30 €

Aquí una foto de los esquís snowblade con las botas plásticas puestas.

Experimento: Snowblade con botas de montaña

Y como no podía ser de otra forma había que aprovechar el domingo y el buen tiempo que hacía para subir a la sierra a probarlos.

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Escrito por Vallekano
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